Dejaremos atrás el valle del Ter para seguir por el del Ritort, uno de sus afluentes. Pese a que todo el tramo se comparte con vehículos y transcurre íntegramente por la carretera C-38, el tráfico es muy escaso, por lo que llega a ser uno de los tramos más silenciosos de la ruta, ayudado por la quietud típica de la alta montaña. El ascenso es sostenido y largo. Una parada en Molló, y quizás en algún otro punto, para tomar fotografías y descansar la musculatura, nos ayudará. Sin embargo, asegúrate de no dejar que la musculatura se enfríe demasiado antes de retomar el ascenso.
 

El Coll d’Ares es el punto más alto de la ruta. Nos encontraremos en la divisoria de aguas de la sierra pirenaica, que, desde el Tratado de los Pirineos de 1659, actúa como frontera política entre España y Francia. Geológicamente estaremos en los Pirineos axiales, la parte más escarpada y con materiales más antiguos de la sierra. Poco a poco, y a medida que ascendamos, dejaremos de ver las llanuras de las terrazas fluviales del fondo del valle, ya que, con esta pendiente, el río tiene demasiada energía para poder depositar sedimentos. La vegetación fue cambiando, dando paso cada vez más a retales sin bosques dominados por pastos. Poco a poco, todo lo que vemos va quedando bajo nuestros pies. Una vez en lo alto, el vestigio de la función fronteriza queda patente con las indicaciones del camino de la retirada, un recorrido temático señalizado que lleva hasta Prats de Molló y que recuerda el paso de más de cien mil refugiados que huían de la dictadura de Franco el invierno de 1939.


MOLLÓ
Se trata de un núcleo de población concentrada, documentado ya en 936, año de la acta de consagración de la iglesia de Santa Cecília. Como actividad tradicional hay que destacar la bajada de los muletos en Espinavell, un núcleo del término. Cada 13 de octubre los ganaderos recogen los más de 300 potros que han estado pastando en las montañas de la sierra y los bajan al pueblo para venderlos.


IGLESIA DE SANTA CECÍLIA (ROMÁNICO CATALÁN)
Data del s. XII y se caracteriza por su esbelta torre del campanario, de planta cuadrada y cuatro pisos. Por lo que respecta a la iglesia, hay que destacar la portalada, situada a un lado, con motivos ornamentales concentrados en ocho ménsulas, siete de las cuales representan los pecados capitales. 


MOLLÓ PARC. PARQUE DE ANIMALES
Al pie de nuestra ruta, ofrece al visitante un recorrido que permite caminar entre ciervos, gamos y corzos, y ver cómo se alimentan, descansan, se relacionan entre ellos, juegan y cuidan de sus crías.
 

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