Este tramo que une las poblaciones de Santa Cristina d’Aro y Llagostera es el que más se adentra en el paisaje de las Gavarres. Aquí podremos ver, al lado de la vía, los bosques de alcornoque con algunos de los árboles pelados en la sección inferior del tronco para aprovechar el corcho.


También podremos observar en las trincheras excavadas por el tren la geología básica del macizo, constituido principalmente por granito. Precisamente este material da unas morfologías características que son notablemente visibles antes de llegar a la Font Picant, a la izquierda de nuestra ruta. Recuerdan al famoso pan de azúcar de Río de Janeiro, en Brasil, pero con unas dimensiones mucho más modestas. Podemos encontrar señales interpretativas de los secretos de las vías verdes que nos lo explican.


SANTA CRISTINA D’ARO
Delante de la estación, donde se encuentra la oficina de turismo, podemos ver la iglesia parroquial iniciada el s. XI y acabada el XVIII. Unos metros más adelante podemos visitar la Casa Màgica, un pequeño museo de la ilusión y la curiosidad.


ROMANYÀ
Desde la estación de Font Picant nos podremos desviar a la derecha, hacia Romanyà, por un recorrido de 6 Km. y 200 m de desnivel. Cuidado: es una carretera transitada.


Situado en el corazón de las Gavarres, es un núcleo medieval con masías y cases pairals bien conservadas. La iglesia de Sant Martí es una construcción pre-románica de cruz griega y su construcción se remonta al s. X. Pero el tesoro de Romanyà se sitúa a poco menos de 1 Km. del núcleo, en dirección a Calonge. Se trata del dolmen de la Cova d’en Daina, un sepulcro megalítico construido hacia el 2700-2200 a.c, formado por una cámara funeraria rectangular cubierta con losas de granito y protegida por un crómlech de 11 metros de diámetro.


LLAGOSTERA
Situada sobre una colina, goza de una vista privilegiada de la depresión de la comarca de la Selva. La colina está coronada por la iglesia parroquial de Sant Feliu (s. IX). Posteriormente el pueblo se formó alrededor del castillo feudal del s. XII, en cuyo recinto amurallado, junto a la iglesia, aún se pueden ver dos torres y parte de la muralla. Precisamente, es desde la plaza situada justo delante de la iglesia que podremos observar toda la llanura de la Selva y los relieves que la rodean.


Como sucede con las poblaciones situadas a los pies de las Gavarres, el esplendor de la industria corchotaponera a partir del s. XVIII dejó en esta villa algunos edificios modernistas de gran valor. El casino de la Plaça de la Vila es un buen ejemplo.
 

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